La falta de espacio es la excusa más común para no entrenar en casa, pero la mayoría de rutinas de fuerza y cardio caben en 2-3 metros cuadrados si el equipamiento se elige pensando en eso desde el principio.
Prioriza equipamiento plegable o apilable: mancuernas ajustables en lugar de una fila de pares fijos, un banco plegable en lugar de uno fijo, bandas elásticas que caben en un cajón. La diferencia entre un gimnasio en casa que dura y uno que se abandona suele estar en si hay que "montar" mucho antes de poder empezar a entrenar.
Un hueco vertical (detrás de una puerta, dentro de un armario bajo) es tan válido como un hueco horizontal para guardar esterilla y bandas: no hace falta reservar suelo permanentemente si el equipamiento es ligero y rápido de sacar.
Si el suelo es de baldosa o parqué, una esterilla de buen tamaño no solo protege las articulaciones: también protege el suelo de golpes de mancuernas o del roce del banco, algo que en un piso de alquiler conviene cuidar especialmente.
Por último, la iluminación y la ventilación del rincón elegido influyen más de lo que parece en si apetece entrenar ahí o no: un hueco luminoso y ventilado, aunque sea pequeño, se usa más que una esquina oscura y cerrada por grande que sea.